miércoles, 7 de enero de 2009

Ejemplo de lo que significa ser patético

Dice el ex presidente español José María Aznar que la victoria de Obama en las pasadas elecciones norteamericanas es un “exotismo histórico” y “un previsible desastre económico”.
A ver, vamos a ver. El desastre económico es lo que ya ha dejado la administración de su gran amigo George W. Bush a su país y al mundo entero…urbi et orbi. Lo de “exotismo” tiene un cierto regustillo racista; equivale al comentario que hizo otro de los “cuates” de Aznar, Silvio Berculoni (perdón, Berlusconi), cuando señaló que Obama es “joven, guapo y está bronceado”.

El nefando personaje agrega otra perla a su conocido repertorio de sandeces y tonterías. Para Aznar, su gran amigo George (quien, por cierto, nunca pudo pronunciar correctamente el apellido del español… Anzar… Anzar) es un pobre incomprendido. Asegura que Bush es “un gran estadista” que esta viviendo en su despedida “la hora de la ingratitud”, en alusión a lo que expresó en su momento Winston Churchill (“Los grandes pueblos son siempre desagradecidos”).

Es tan patética la figura y el pensamiento aznarista que hasta le augura un “gran futuro político” a Sarah Palin, porque posee “sólidas convicciones” (creacionista, escéptica sobre el cambio climático, defensora de las armas y de la caza, entre otras sólidas convicciones).
Aznar es un monumento a la arrogancia y la necedad. Da grima verlo. ¿En qué estaban pensando los españoles cuando votaron por él?

martes, 6 de enero de 2009

El horror de la guerra


Ni colegios, ni hospitales, ni edificios de la ONU han respetado las tropas de Israel en esta nueva y enloquecida guerra contra los palestinos. Bueno, el gobierno israelí asegura que su incursión es en contra de Hamás, pero lo que se ve en los televisores y en las primeras planas de los periódicos son niños, mujeres y ancianos palestinos muertos y heridos de muerte. La censura a la prensa internacional es inconcebible; el ejército de Israel no permite la entrada a periodistas porque, dice, “sólo serviría para trabajar de relaciones públicas de los terroristas”. El asedio a Gaza es de una crueldad inenarrable, mientras nos atragantamos de roscones en Occidente que, por cierto, reaccionó tarde y mal. Ya suman 600 muertos. Por lo pronto, no se pierdan esta joya de la sabiduría y la congruencia de José Saramago.

lunes, 5 de enero de 2009

Feliz Año 2009... digan lo que digan


“Terminan las fiestas navideñas y, con ellas, nuestros propósitos de aprender inglés, ir al gimnasio o dejar de fumar”. Recién estrenado el año, esta podría ser la primera coincidencia que se da entre mexicanos y españoles. Nuestro repertorio común incluye también el inicio de las esperadas rebajas, la llegada de los fríos más intensos y los resfriados más temibles (por algo dice el dicho “enero y febrero, ¡desviejadero!”), así como de la dolorosa “cuesta de año nuevo”. Aquí como allá, las colas en los montepíos constituyen un conocido vía crucis del que se espera utilizar bienes para remediar males.

La Navidad española es, sin embargo, más austera y solemne que la mexicana, tan llena de colores, aromas y sabores. Por razones obvias, aquí no hay piñatas, ni posadas ni pastorelas, dado que ésta fue una manera didáctica que encontraron los evangelizadores que llegaron a Nueva España para difundir la religión católica aprovechando la teatralidad de la cultura náhuatl: Es curioso que en América hayan proliferado estas representaciones nacidas del teatro medieval europeo, mientras que en Europa hayan desaparecido. Los historiadores cuentan que la primera escenificación de una pastorela en territorio indígena data de 1527 y se trató de una pieza llamada “La comedia de los Reyes”.
Otra tradición que se desvanece en el Viejo Mundo es la piñata, de origen chino y llevada por Marco Polo a Italia. Hoy, las piñatas son el símbolo de la alegría mexicana y es probable que muy pocos artesanos sean capaces de expresar su imaginación en figuras tan fantásticas como las que podemos encontrar en cualquier mercado.

Mientras en México la presencia de Santa Claus es abrumadora, en España lo es la de los Reyes Magos. Son tan importantes, que la Cabalgata de sus “Reales Majestades” en Madrid y Barcelona es transmitida en vivo y en directo por la televisión nacional. Ellos son los que traen los regalos a los buenos niños españoles y un poco de carbón a los pequeños que se han portado mal. Son ellos los que reparten toneladas de dulces a las familias que entusiastamente se aglomeran en las calles durante el trayecto de las caravanas. La venida de Melchor, Gaspar y Baltasar coincide con otra costumbre sumamente enraizada tanto en México como en España: la rosca de Reyes. El roscón, como se le conoce aquí, sugiere una corona real con ornamentos que simbolizan joyas y puede estar rellena de crema pastelera. A diferencia de las roscas mexicanas, los panes ibéricos llevan en su interior un haba y una sorpresa. El que encuentre esta última será coronado como el rey de la casa y a quien le toque la semilla será castigado a pagar el roscón.

La tradición de continuar la fiesta hasta el 2 de febrero, Día de la Candelaria, en la que se comparte una rica y variada tamalada, es -desde luego- una aportación mexicana. Ni que decir de la entrañable práctica de “aquí se visten Niños Dioses”… así, en plural.
La próxima cita en el calendario de festejos comunes será el 14 de febrero. Como en prácticamente todo el mundo, el Día de los Enamorados se celebrará con flores, regalos y cenas románticas –con la consiguiente subida de precios en todos estos efectos. Quizás lo único que nos diferencie a los mexicanos, es que nosotros incluimos el concepto de amistad en el Día de San Valentín, ¿será para consumir un poco más?

domingo, 14 de diciembre de 2008

Escenas dentro de un autobús italiano. Una vieja gloria del boxeo.

Hora punta en la línea de autobús 32 con destino a Grassina. Un hombre mayor, robusto, con aire de galán de otros tiempos, como de película de Fellini, esta sentado frente a una mujer madura y sonriente. Ambos conversan, él le cuenta una historia y la hace reír. Mientras tanto, la gente intenta subir en un autobús cada vez más lleno y encontrar un espacio.
El hombre mayor empieza a entonar una vieja canción de amor italiana. Ella sonríe, le da las gracias y baja en la siguiente parada. Obviamente, no viajan juntos. El viejo no se amilana y, a pesar de los empujones de los pasajeros y los frenazos del conductor, sigue cantando con su gastada pero afinada voz de tenor. Esa balada, con seguridad, le trae recuerdos de otras épocas, de cuando él era joven y era amado. Algunos le escuchan, otros esbozan una risita de condescendencia, un hombre de mediana edad y de apariencia obrera, como sacado de una película de Passolini, ocupa el lugar que la mujer ha dejado.

El recién llegado observa y escucha; le mira de reojo con cierta desconfianza, hasta que el abuelo termina de cantar. Entonces, se establece un hilo invisible de energía y se rompe el hielo entre ambos dando inicio a una conversación conmovedora. Sin saber por qué, los dos están a punto de compartir sus historias dentro de un autobús bamboleante. El hombre mayor le confiesa al obrero passoliniano que él, alguna vez, también fue joven y fuerte; que disfrutó de la vida y del amor, que fue un entusiasta deportista y, para demostrárselo, saca de su ajada cartera una vieja fotografía en blanco y negro donde se le ve con cuerpo musculoso, como de “Charles Atlas”. Pero los años lo han obligado a usar bastón, moverse con dificultad y, de alguna manera, estar solo. Entonces, el joven obrero, le confiesa que él, en cambio, aunque posee la juventud y ama el deporte padece una discapacidad que le impide hacerlo. Ambos filosofan sobre las contradicciones de la vida, lamentan sus particulares circunstancias y comparten, dentro de un autobús lleno de pasajeros cansados y frustrados, lo que tienen en común, a pesar de sus obvias diferencias.

El filosófico diálogo continúa unas calles más, hasta que nuestra “vieja gloria del boxeo” llega a su destino. Con dificultad se levanta, se despide cortésmente de su nuevo amigo y baja del autobús de la línea 32 con destino a Grassina. Mientras, el joven personaje de Passolini lo sigue con la mirada, atento a los pasos del viejo y despidiéndose con una sonrisa fraternal, como de alguien que sabe con certeza que él también será, algún día, ese hombre mayor que canta canciones de amor a quien quiera oírlas.

Imágenes de Italia

La Catedral de Florencia, la Torre del Giotto y el cielo florentino.

El río Arno y la torre de San Nicolás.

Floren y Laura con la Firenze de escenario, desde la Piazzale Michelangelo.

sábado, 13 de diciembre de 2008

El origen de las cosas

Palabras más, palabras menos, decía Octavio Paz que las calles y, por tanto, las ciudades deben caminarse como se lee un libro o se recorre un cuerpo.

En el caso de la región de la Toscana, esto resulta particularmente cierto: es imprescindible venir preparado, haber hecho la tarea –por decirlo de algún modo- porque aquí las palabras, los conceptos y los colores recuperan su sentido original. Me explico: ¿cuántas veces hemos oído o utilizado las frases de “infierno dantesco” o “personaje maquiavélico” sin siquiera detenernos a pensar de dónde vienen o cómo fueron creadas? ¿Cómo es el color siena y por qué se llama así?


En Florencia y sus alrededores nacieron, crecieron, se desarrollaron y murieron los hombres y las mujeres (aunque menos conocidas) más importantes del Renacimiento. Dentro de los “palazzos” de toscas piedras se hurgaron las conspiraciones más sutiles y más crueles; por cierto, uno de estos imponentes edificios, el Strozzi, esta dedicado a temas de mujeres en el poder y, en estos momentos, ofrece una exposición sobre Catalina y María de Medici, ambas reinas de Francia y mujeres cultas y poderosas.
Florencia es una ciudad que ha servido de inspiración a muchos artistas.
A Stendhal, por ejemplo, le provocó incluso un síndrome derivado de contemplar tanto esplendor. En 1817, cuando el escritor francés visitó la capital toscana, le sobrecogió la cantidad y calidad de obras arquitectónicas, escultóricas y artísticas que embargaban la ciudad. Estando dentro del templo de la Santa Croce experimentó tal sensación de vértigo y angustia, de palpitaciones y desmayos, que un médico le diagnosticó “sobredosis de belleza”.
Dicen que Dante Alighieri se inspiró en los mosaicos de inspiración bizantina dedicados al infierno que podemos contemplar en la cúpula del Baptisterio florentino, para escribir su Divina Comedia. Dante vivió en un barrio muy cercano, se casó con su vecina de al lado y en la iglesia de la esquina. No se movió mucho el gran Dante y sus pisadas todavía se perciben cuando cruzamos la magnífica Piazza de la Signoria. Casi dos siglos después, por esas viejas lozas y frente a los imponentes edificios del poder también se inspiró Maquiavelo para describir a El Príncipe que no era otro que el de Florencia (Lorenzo II de Medici).


Y los enigmáticos paisajes de Leonardo sólo pueden comprenderse al detenernos por la ruta Chiantigiana y observar como la bruma se levanta lentamente y va descubriendo una serie de suaves colinas que muestran, en lo alto, una villa, un pequeño palazzo o un paraje cuajado de cipreses.
Así lo comprobamos durante nuestro viaje a Siena. ¿Siena tostado o natural? Los colores ocres, amarillos y rojizos de esta ciudad, la rival más importante de Florencia, nos revelan las razones para llamar así a este color. Destacan, sobre todo, su singular plaza y el Duomo, una de las iglesias más inolvidables de Italia.
Aquí les compartimos unas fotos y, muy pronto, nuestros paseos por la Toscana y Venecia.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Ojo con los italianos


“Los italianos son más vivos que el hambre”, decía Enrique Pinti, humorista argentino, quien señalaba que eran capaces de venderte cualquier cosa, desde lo más sublime hasta lo más vulgar, aduciendo siempre el valor histórico, artístico o estético de las cosas. La costra de suciedad que cubre algunos muros de las iglesias renacentistas se convierte en “la pátina del tiempo” para los italianos; en los puestos del mercado, con la mejor de sus sonrisas, te venden una sencilla salsa de pesto como una obra desconocida de Leonardo (y así te la cobran); la mitad de los templos e iglesias toscanas se encuentra en plena rehabilitación, pero el precio de entrada es el mismo que si se encontrara en la etapa más resplandeciente de su vida.

Un ejemplo elocuente: la Galería D´Uffizi, referente indiscutible del arte renacentista, nos recibe, en tiempos otoñales, con una más que apreciable disminución de su acervo cedido a otros museos o en proceso de restauración. Además de esta merma inesperada, nos encontramos con un museo al que quizás se llegue con altas expectativas de conocer obra muy importante de los grandes genios del renacimiento cuando en realidad lo que vamos a encontrar es un solo cuadro de Miguel Ángel, otro de Da Vinci y algunos menores de Rafael Sanzio. Eso con la excepción de Botticelli de quien hay una más que apreciable representación (“El nacimiento de Venus” y “La Primavera”) y, por supuesto, la magnifica colección de obra del Giotto, actor fundamental de la transición renacentista. Sería bueno que alguien alertara de lo anterior para que mucha gente no se pudiera sentir frustrada o incluso engañada en su primer encuentro con los Uffizi.
Una visita obligada, aunque cara, es la Academia donde se localiza el magnífico David de Miguel Ángel y sus cuatro “esclavos”, figuras inacabadas de indudable valor artístico. El David es otra cosa: puedes sentarte horas contemplándolo desde todos los ángulos posibles. Dentro de la sala hay una animación en 3D de la escultura que puede ser manipulada a través de una computadora y que nos permite “viajar” por el enorme cuerpo de 5 metros de altura y realizado en un solo bloque de mármol blanco. ¡Es una gozada!

Un día lluvioso y frío que, sin embargo, nos regaló un atardecer inolvidable sobre el río Arno y que aquí compartimos con ustedes. Con cielos como éste, uno es capaz de perdonarle a los “tanos” esa seducción que a veces puede caer en aires de suficiencia o en el más absoluto cinismo.


Mañana no se pierdan nuestro viaje a Siena por la insuperable Ruta Chiantighiana.