miércoles, 21 de enero de 2009

El día de Obama

Es un seductor. Un mago de la retórica. Escucharlo ayer en su toma de posesión fue fascinante. Para quienes seguimos creyendo que otro mundo es posible, ver a este hombre -nacido cuando los negros todavía no podían votar ni estaban reconocidos sus derechos civiles- representó una especie de bocanada de aire fresco, que siempre se agradece.
Después de ocho terribles años de estupidez, fanatismo, paranoia e irresponsabilidad, la llegada de Obama significó para millones de simples mortales el anhelo que brinda una nueva oportunidad. Su discurso, sin ser uno de los mejores, sí que apuntó varias señales que nos pueden dar una idea del sendero que emprenderá. Reconoció la magnitud de los problemas y habló de responsabilidad individual y colectiva para enfrentarlos; de respeto al trabajo, de valores y de memoria. Barack Obama parece un hombre sincero, emprendedor, ambicioso (en el buen sentido de la palabra) y de amplios horizontes. Espero, deseo de todo corazón, que la relación con México mejore y se fortalezca, aunque la primera reunión con Calderón se diluyó, fue desaprovechada, pasó sin pena ni gloria.
Con toda seguridad nos desilusionará en muchos sentidos, bajará su altísimo margen de aceptación, disminuirán sus numerosos seguidores; muchos le darán la espalda (Sarkozy ha sido el primero, ¿será por qué es el único líder del mundo que le hará sombra?), otros rechazarán sus propuestas. Pero si algo hay que agradecerle a este hombre es intentar recuperar el tiempo perdido.

1 comentario:

María Mercedes dijo...

Estoy de acuerdo en muchas cosas, sobre todo en la manera fascinante con la que emplea la retórica. Pero también en que seguramente nos desilusionará. Tal vez no por él. Tal vez por la idealización que hemos hecho de su persona y del futuro mandato.
Esto es que como cuando te enamoras: al principio no ves los errores o los obvias. Lo complicado viene después.
Ojalá me equivoque. Mientras tanto, vivamos esta etapa del amor!