Hace 30 años, por primera vez en la historia de la
televisión mexicana, un equipo de producción de la empresa Televisa, encabezado
por María Victoria Llamas, renunció por motivos de censura. Orgullosamente yo
formé parte de ese grupo de profesionales solidarios y decentes. ¿Nuestra
falta? Haber diseñado y producido dos programas serios, bien documentados y
reconocidos por su respeto a las personas afectadas por VIH-Sida. Lo que quería
el propietario de la entonces televisora más importante del país, era una
emisión sesgada, amarillista y claramente morbosa. Se han dado algunos pasos,
sin duda, pero la deuda de los medios de comunicación con respecto del tema
sigue siendo inmensa.
viernes, 1 de diciembre de 2017
sábado, 25 de noviembre de 2017
Este 25 de noviembre
Entre los países de América Latina, México es uno
de los que presenta mayores índices de violencia de género: casi 60% de las
mujeres la ha padecido en alguna de sus manifestaciones. De acuerdo con datos
ofrecidos por ONUMUJERES, tres de cada cien mujeres que acuden a denunciar son
asesinadas en represalia. ¿No es aterrador?
Según las estadísticas vitales de mortalidad del
Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (de principios de marzo
de 2016), en los tres años de gobierno de Enrique Peña Nieto 6 mil 488 mujeres
han sido asesinadas en el país, es decir, en promedio seis cada día. De ellas,
1 mil 117 son niñas y adolescentes de entre 0 y 19 años de edad, lo que
representa el 17% del total de mujeres víctimas de homicidio en territorio mexicano.
Para documentar aún más nuestro pesimismo, de
acuerdo con la organización civil Católicas por el Derecho a Decidir, durante
la primera mitad del gobierno de Felipe Calderón (2007-2009) se registraron 4
mil 433 feminicidios en trece estados mexicanos y 3 mil 976 desapariciones
forzadas tan sólo en el último año y medio. De éstas últimas, el 51% fueron
mujeres entre los 11 y los 20 años, lo que indica que este delito está
directamente relacionado con la trata de mujeres, asevera esta organización. Un
simple ejercicio de comparación nos revela que con Peña Nieto hay un 46% más de
mujeres asesinadas.
No, señores, el feminicidio no es un crimen
pasional, como lo califican algunos medios de comunicación, tampoco es una
situación que provocan las mujeres (“se lo buscó”, dicen algunos). No, no es un
simple homicidio. Medítenlo.
lunes, 20 de noviembre de 2017
Mujeres y Revolución mexicana
Ya fuera como periodistas, escritoras, enfermeras o
conspiradoras, incluso vendiendo sus bienes materiales para sostener el
movimiento revolucionario, la participación de las mujeres en la Revolución
Mexicana fue amplia y valerosa.
Gracias a una investigación elaborada por Lorena
Hernández Reyes, de la Universidad Autónoma del Estado de México, hoy conocemos
los nombres de numerosas mujeres que arriesgaron todo por un ideal.
Periodistas y escritoras fuera de serie
Las periodistas formaron parte de un grupo de mujeres
sumamente activas en lo político y social. Fundaron periódicos de oposición al
régimen y en defensa de las clases desvalidas. Como ejemplo están:
- Juana Belén
Gutiérrez de Mendoza dirigió el
periódico Vésper, consagrado a defender a los mineros y a combatir la
dictadura.
- Guadalupe Rojo
viuda de Alvarado, directora
del periódico Juan Panadero (periódico difundido en Guadalajara y después
en México), fue presa en la cárcel de Belén por defender a los campesinos
de Yautepec.
- Emilia Enríquez
de Rivera, “Obdulia”, sostenía
ideas renovadoras en la revista Hogar; mientras que Julia Sánchez,
“Julia Mata”, lanzaba violentas críticas a la oligarquía en El látigo
justiciero.
- Desde la sierra de
Guerrero Dolores Jiménez y Muro, fue coronela redactora del Plan
Político y Social. En este documento —escrito por revolucionarios de cinco
entidades de la República— se desconoció el régimen Porfirista.
- María Hernández
Zarco se hizo notable porque en
1913, cuando todas las imprentas de la capital se negaron a imprimir el
discurso del Senador Belisario Domínguez —en donde condenaba el régimen de
Victoriano Huerta—, ella lo hizo a escondidas, por las noches, en el taller
de Adolfo Montes de Oca, donde trabajaba.
- Hermila Galindo, de Ciudad Lerdo fundó la revista Mujer moderna
y solicitó el voto femenino al Constituyente de 1916; también hizo
propaganda a favor de Venustiano Carranza.
Conspiradoras que lo arriesgaron todo
En los complots, paso de armas, correos y difusión de
noticias, nadie como las mujeres de la familia Serdán. Sobresalieron Carmen
Serdán, hermana de Aquiles; Carmen Alatriste, su madre; y Francisca
del Valle, su esposa; también se involucraron Guadalupe, Rosa y María
Narváez, quienes coordinaron las operaciones en el estado de Puebla,
imprimieron y repartieron proclamas, así como distribuyeron armas, para luchar
contra el régimen de Díaz. Carmen Serdán y las hermanas Narváez fueron las
primeras colaboradoras del movimiento precursor; después, participaron como
orientadoras ante la dispersión originada por el asesinato de Serdán y
trabajaron en la distribución de armas, correos, noticias y órdenes.
Asociaciones femeninas y sindicalistas destacadas en la
revolución
Numerosas mujeres fundaron clubes liberales y
antirreleccionistas, y mantuvieron el espíritu de lealtad a la democracia y
protesta contra la usurpación Huertista. La profesora María Arias Bernal organizó
el Club Lealtad, junto con Dolores Sotomayor, Inés Malváes, María Elvira
Bermúdez y Eulalia Guzmán. Aparte de defender a los presos políticos y
difundir noticias y propaganda, todas las semanas organizaban manifestaciones
ante la tumba de Madero y Pino Suárez.
Mención aparte merecen las mujeres que fundaron en
1906 la Sociedad de Empleadas de Comercio, ellas son precursoras del
sindicalismo. Sus actividades fueron principalmente asistenciales: fundar
academias de comercio, de música, un gimnasio, una caja de préstamos a socias
enfermas. Estas precursoras tienen nombre y apellido, entre ellas Isabel
Díaz de Pensamiento, Anselma Sierra, Carmen Cruz, Margarita y Guadalupe
Martínez y Lucrecia Toriz.
Dos Coronelas bien fajadas
Carmen Alanís se levantó en armas en Casas Grandes (Chihuahua) y participó en la toma
de Ciudad Juárez con 300 hombres a su mando.
Juana Gutiérrez de Mendoza y La China comandaron un batallón formado por las viudas, hijas
y hermanas de los combatientes muertos.
¡Viva la Revolución mexicana! ¡Vivan las mujeres!
domingo, 10 de septiembre de 2017
Una vieja gloria del boxeo
Hora punta en la pequeña pero caótica ciudad de
Florencia. Línea de autobús 32 con destino a Grassina. Un hombre mayor,
robusto, con aire de galán de otros tiempos, que pudo haber sido protagonista
de cualquier película de Federico Fellini, está sentado frente a una mujer
madura, guapa y sonriente. Ella tiene algo de la Cardinale, quizás la mirada
todavía coqueta. Ambos conversan, él le cuenta una historia y la hace reír. Los
pasajeros, mientras tanto, intentan subir al autobús que se va llenando cada
vez más.
De repente, el hombre empieza a entonar
una vieja canción de amor. Podría ser una canción napolitana. La mujer le
brinda una sonrisa de dientes perfectos, con un guiño le da las gracias y se apea
en la siguiente parada. Queda claro que no viajan juntos. El viejo no se
amilana y, a pesar de los empujones del pasaje y los frenazos del conductor,
sigue cantando al amor con su gastada pero afinada voz de tenor. Esa balada le debe
traer recuerdos de otros tiempos, de cuando era joven y era amado. Algunos le
escuchan, otros esbozan una risita de condescendencia.
Unas calles más adelante, un hombre de
mediana edad con una evidente cojera y que tiene pinta de ser un obrero de la
construcción, ocupa el lugar que la mujer ha dejado. Parece sacado de una
película de Pier Paolo Passolini. El recién llegado observa y escucha al viejo;
le mira de reojo con cierta desconfianza hasta que termina de cantar. Entonces,
se establece un hilo invisible de empatía, el hielo se rompe e inician una
conversación conmovedora, podríamos decir que hasta cálida. Sin saber por qué, están
a punto de compartir sus historias dentro de un autobús atestado de pasajeros
cansados que lo que único que desean es llegar a casa.
El hombre fellinesco le confiesa al
obrero passoliniano que, alguna vez, él también fue joven y fuerte, disfrutó de
la vida y del amor, fue un boxeador más o menos conocido y, para demostrárselo,
saca de su ajada cartera una vieja fotografía en blanco y negro donde se le ve
con cuerpo musculoso. Pero los años -¡ay, los malditos años que no pasan en
balde!- le han obligado a usar bastón, moverse con cierta dificultad y, ¿por
qué no decirlo?, a estar solo. Entonces, el joven obrero le confiesa que él, en
cambio, aunque posee la juventud y ama el deporte padece una discapacidad que
le impide hacerlo. Ambos filosofan sobre las contradicciones de la vida,
lamentan sus particulares desgracias y reconocen, dentro de las cuatro paredes
de un traqueteante autobús, lo que tienen en común a pesar de sus obvias
diferencias.
El filosófico diálogo continúa unas
calles más arriba hasta que nuestra vieja gloria del boxeo llega a su destino.
Con dificultad se levanta, se despide cortésmente de su nuevo amigo y baja del
autobús de la línea 32, destino a Grassina. Mientras, el joven obrero lo sigue
con la mirada, atento a sus pasos vacilantes y se despide con una sonrisa
fraternal, como de alguien que sabe con certeza que él también será, algún día,
ese hombre mayor que cantará canciones de amor a quien quiera oírlas.
martes, 8 de agosto de 2017
Ladrón
Era una noche sin luna. Escuché que
alguien venía hacia mí. En la esquina encontré al dueño de aquellos pasos. Nos
vimos. Un brillo surcó el espacio. El tiempo se detuvo. Me clavaste una mirada
y yo no pude hacer otra cosa que robarte el corazón.
sábado, 5 de agosto de 2017
Cambio climático
La puerta del ascensor se abrió y lo que descubrí en su
interior me dejó helada. En medio del estrecho cubículo encontré un trozo de
iceberg.
¿Por qué estoy segura de que se trataba de un cacho de
iceberg y no de un simple pedazo de hielo? Pues, porque en algún lugar había
leído que hay gente que últimamente encuentra témpanos de distintos tamaños en
muchos sitios insospechados del planeta. Algunas personas aseguran haberse
tropezado con enormes fragmentos hasta en el portal de sus casas. Incluso, hay
quien dice que nuestras costas no tardarán en desaparecer bajo el manto de agua
gélida que se aproxima cada vez más desde el norte. Yo, la verdad, no sé qué
pensar. Algunos opinan que son tonterías. Sin ir más lejos, mi vecino del primero
derecha, el que tiene un primo científico, afirma que estas noticias son tan
exageradas como decir que descendemos del mono, vaya.
Por otra parte, según la Enciclopedia Británica, el
iceberg se caracteriza por su transparencia, brillo y estructura, y el cachito
del ascensor era una especie de cuarzo cristalino, de fino brillante y con
destellos glaciales. Precisamente, cautivada por esa extraña belleza, lo recogí
con sumo cuidado, lo llevé a casa y me hice con él un delicioso gin tonic, ideal para mitigar estos
calores invernales.
viernes, 26 de mayo de 2017
La Tierra tiene forma de pera
“La Tierra
tiene forma de pera”. Así de
contundente y absurda era la tía Vita. De nada le valían las fotos satelitales,
ni la opinión de los astrónomos ni de los científicos de la NASA. Para ella, el
planeta tenía forma de pera… y ya está.
En todas las familias siempre hay una tía soltera,
pero la nuestra era única. Quizás por esa tozudez tan suya nunca se casó,
aunque pretendientes no le faltaron. A sus maneras inexplicables e ilógicas
llegaron a acostumbrarse sus sobrinos. Les hacía gracia sus comentarios llenos
de humor, sus recuerdos de otros tiempos, su voz caprina cuando cantaba algún
bolero.
La tía Vita era adicta a las compras en El Palacio
de Hierro, el mejor almacén de la ciudad. Era su madriguera favorita y ostentaba
una tarjeta de crédito que, debidamente protegida en una carterita de plástico
amarillo, sacaba con desparpajo en la adquisición de faldas y camisas de
variados estilos; aunque llegó a coleccionar más de sesenta blusas, siempre
usaba la misma: una blanca de lacito al cuello. Aficionada a la lectura
clandestina de la revista HOLA en el Sanborn´s del Ángel, otra de sus guaridas
preferidas, llegó a ser experta en la vida y obra de todos los miembros de las
casas reales europeas de los que contaba sus intimidades como si de una prima
cercana se tratara. Antes de relatar el último chisme de alguna princesa
monegasca, tosía con discreción, miraba de un lado a otro - como si temiera que
alguien más la oyera- y con cierto retintín reseñaba la historia. Incapaz de expresar
una grosería, prefería decir que fulanita tenía fama de “frutita”, o que
perenganito era “un ojo alegre”. Cuando un hombre abandonaba a una mujer –cosa
muy común en México- la tía Vita soltaba frases como “zutanito le hizo al
patito zambullidor”. A ella le debemos conceptos como el célebre: “entre esos
dos hablan latín, latón y lámina acanalada”, cuando de unos amantes se trataba.
Poseía como nadie el don de inventarse colores, de ahí el “gris munición” o “el
rojo enchilado”. Ningún Pantone se le resistía.
La nota roja también ejerció una extraña
fascinación en ella. Se aficionó a recopilar datos de última hora de cualquier
suceso donde hubiera muertos y heridos: desde terremotos y ataques terroristas,
hasta vulgares crímenes de pasión. ¡Ay de ti si te adelantabas a darle la mala
noticia! Te miraba con algo de reconcomio y te preguntaba, “¿quién te lo
dijo?”. De hecho, bajo su colchón, llegó a esconder decenas de ejemplares del
sensacionalista ALARMA que, cuentan las malas lenguas, leía con avidez cada
noche. Sin duda, hubiera sido una gran reportera de sucesos.
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